Los desnudos no siempre muestran la carne de un ser sin ropas; en ocasiones muestran la parte mas íntima de un instante, sin importar su categoría. Esto lo entendió muy bien el joven fotógrafo Manuel Álvarez Bravo para convertirse en una figura emblemática de los años 1920 posteriores a la Revolución Mexicana.
Para algunos Álvarez Bravo es, sin duda, el máximo exponente de la fotografía latinoamericana, en cuya obra refleja la esencia de México. Su trabajo comenzó entre los años 1920 y 1930, el cual fue evolucionando gracias a la influencia de muchos artistas extranjeros que en aquellos tiempos se sentían atraídos por nuestro país, como lo fueron André Breton y Sergéi Eisenstein, los fotógrafos Edward Weston, Tina Modotti y Henry Cartier Bresson, quienes trabajaron en la ciudad de México en aquel periodo, pero también por los reconocidos pintores nacionales Diego Rivera y Frida Kahlo, en quienes encontró los ideales de la lucha y el compromiso social.